Hablemos de Augusto (II): El nacimiento de una leyenda.

Octavio Augusto ha sido una de las personalidades más destacada de la Antigüedad, no exento de mitos y que su obra tuvo continuidad al paso de los años. Con esta serie de entradas no quiero desmerecer a otras que son igual o incluso más importantes, ya que incluso sin ellas Augusto hubiera sido incapaz de haber aglutinado tal poder (Julio César, Alejandro Magno…). Pero empecemos desde el principio, su nacimiento.

El 23 de septiembre del 63 a.C nació Octavio, bajo la protección de la constelación de Capriconio (un detalle importante que tendrá su huella en su representación artística) en la zona romana del palatino. Como era tradición romana, recibiría el nombre del padre Caius Octavius. Asumió también el cognomen de Thurinus, victoria que había tenido su progenitor en el territorio del Thuri, sobre los seguidores rebeldes de Espartaco y Catilina

Caius Octavius Thurinus (Padre de Augusto)

Nos cuenta Suetonio que su familia paterna provenía de Velletri, antiguamente patricia, había quedado relegada a plebeya y a un rango equestre. Incluso según los rumores el bisabuelo de Octavio había sido un liberto cordelero en el barrio de Turio. El cambio de la popularidad de la familia ya vino con matrimonio de Caius Octavius padre, con Atia, la sobrina de Julio César. 

Mientras su abuelo paterno era un argentarius, un cambia monedas, su abuelo materno fue Marcus Attius Balbus, un honesto senador de Aricia, y su abuela Julia, hermana de Julio César.

Muchas historias surgen sobre el día de su nacimiento. Algunas son recogidas en la obra de Suetonio, Los Doce Césares, como por ejemplo se habla de un rayo que destruyó parte de la muralla de Velletri, y que según el auspicio indicaba que alguien procedente de esa ciudad alcanzaría el poder absoluto.

Esa mañana su padre, llegando tarde al senado donde se estaba discutiendo sobre la amenaza que presentaba Catilina para el estado romano. Al entrar y explicar el motivo de su tardanza, un senador, Publius Nigidius Figulus comentó enérgicamente “Nos ha dado un rey”, algo que disgustó a Caio Octavio se dispuso a regresar a casa a negar a ese recién nacido que podía reinstaurar una monarquía, pero finalmente Publio rectificó diciendo que se había equivocado.

Copia Vaso Portland. S.XIX (original romano s. I)

Copia Vaso Portland. S.XIX (original romano s. I)

Octavio fue pronto llevado a Velletri, mientras la madre agradecía a Apolo en el templo del lugar (posiblemente el mismo día de su nacimiento). Según recoge también Suetonio, meses antes, después de participar en una ceremonia en honor al dios, mientras descansaba, una serpiente se introdujo en su lecho, y cuando salió ella despertó con la sensación de haber copulado, y además vio que había sido marcada con una mancha con la forma de la serpiente. Esta historia tiene un paralelismo con Olimpia, madre de Alejandro Magno, que lo había concebido de la misma forma, aunque en ese caso la serpiente era una transformación de Zeus-Amón. Como veremos en otras entradas, Apolo se convertiría en uno de los dioses predilectos del futuro emperador. 

Estos episodios y algunos más contribuyeron a forjar esta leyenda, la de un hombre que cambiaría la historia del mundo (del mundo conocido).

A la edad de 4 años perdió al padre cuando estaba a punto de alcanzar el consulado, y Roma para Octavio le quedaba un poco lejos, a pesar de residir en una población cercana.

Soy consciente de la necesidad de separar mito y realidad, aunque también debemos tener en cuenta que lo primero también es un elemento a tener en cuenta a la hora de definir esa imagen que ha pasado a la historia.

PD: En futuras entradas seguiremos profundizando en detalles de su biografía, la relación con otros personajes históricos y otros aspectos interesantes.

Vía| Spinosa, A., Augusto il grande baro, Mondadori, Milan, 1998

Imagen| Caius Octavius Vaso Portland

Entradas anteriores| Augusto (I)

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3 comentarios en “Hablemos de Augusto (II): El nacimiento de una leyenda.

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