Catalina de Aragón y Enrique VIII: un matrimonio que hizo aguas

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Posible retrato de Catalina de Aragón. De Michel Sittow, 1502

La edad moderna fue testigos de multitud de matrimonios potentes, en cuanto a las alianzas políticas que se escondían detrás de estas uniones. Bien lo sabían los Reyes Católicos, quienes emparentaron a todos sus hijos con herederos de las principales casas reales europeas del momento.

Dado a que el 11 de junio se cumple el aniversario de uno de ellos, me decido a recuperar en este espacio esa boda tan trascendental.

Los protagonistas fueron Enrique VIII y Catalina de Aragón, un matrimonio que acabó disolviéndose a pesar de la oposición de la Iglesia Católica. Pero empezaremos por el principio.

Grabado de Madera. Coronación de Enrique VIII y Catalina

Grabado de Madera. Coronación de Enrique VIII y Catalina

Catalina de Aragón fue la hija pequeña de los reyes católicos, y según dicen, la que más se parecía a su madre Isabel. Educada para poder ser una gran reina, ya con una edad muy temprana se convirtió en una candidata ideal para unirse en matrimonio con Arturo, príncipe de Gales y heredero de la corona Inglesa. Recordemos que por línea materna estaba emparentada con la familia real inglesa, ya que su bisabuela materna era Catalina de Lancaster, hija de Juan de Gante. Es posible que recibiera su nombre en honor de ella. Esta unión pretendía aumentar la influencia de los reyes católicos en Europa, aislando un poco más si cabe a la corona francesa. Aunque por parte de los Tudor, fue una forma de validarse como casa reinante, ya que no había sido reconocida por algunos reinos europeos de esa época. Algo que consiguieron gracias al prestigio de Catalina como miembro de la casa de los Trastamara.

El matrimonio dentre Catalina y Arturo se celebró por poderes el 19 de mayo de 1499. Pero fue cuando Arturo alcanzó la edad de 15 años, el momento de que Catalina se trasladase a la corte inglesa. Su barco zarpó el 17 de agosto de 1501, de La Coruña, y tras ciertos contratiempos llegó al puerto de Plymouth dende fue recibida por el obispo Bath en representación de príncipe. Según dicen, el príncipe acabó cautivado por la figura de Catalina. Y el 14 de noviembre de 1501 se desposaron en la catedral de San Pablo de Londres.

Al siguiente año, la tragedia sobrevino a esta joven pareja, y Arturo murió por una enfermedad, dejando a Catalina viuda, y sin la oportunidad de haber consumado el matrimonio, es decir virgen. Una afirmación que más adelante traería cola y determinaría algunos episodios posteriores. A pesar de la muerte del heredero inglés, no tenían intención de romper esta alianza política. Incluso se barajó la unión de Catalina con Enrique VII (su suegro). Finalmente, prosperó la idea del matrimonio de quien era el nuevo heredero inglés Enrique (futuro Enrique VIII). Además tuvieron que salvar antes algunos escollos. Primero mantuvieron retenida a Catalina hasta que dieron luz verde al matrimonio: En primer lugar, tras la muerte de Isabel la Católica disminuyó el valor de Catalina, puesto que fue su hermana Juana quien heredó el reinado de Castilla. Luego Enrique VII exigía el pago de parte de la dote. Además, otro punto que debían solucionar fue que había un derecho canónico en el que prohibía expresamente el matrimonio entre una persona y la viuda de su hermano. Aquí entró en juego el hecho de que el matrimonio anterior no se había llegado a consumar, y por lo tanto no era válido.

Catalina se había convertido en una “embajadora” española en Inglaterra, y se convirtió en reina consorte. En 1509 murió Enrique VII y su hijo Enrique VIII asumió el reinado. Y muy rápidamente celebró el matrimonio con Catalina, como ya hemos dicho antes, el 11 de junio de ese mismo año. Poco más tarde fueron coronados en una gran ceremonia en la Abadía de Westminster por el Arzobispo de Canterbury. La reina adquirió un excelente prestigio por parte del pueblo inglés. Siendo la regente en momentos que Enrique VIII debía ausentarse del territorio.

Otro punto clave fue la descendencia, y es que en esos tiempos era muy importante asegurar la existencia de herederos que dieran estabilidad al reino. En ese sentido no fue un matrimonio muy afortunado. Y es que casi todos sus hijos murieron al poco del nacer. Solo María, quien fuera más tarde reina de Inglaterra, consiguió salir adelante. En 1525, el rey se enamoró de Ana Bolena, una de las damas de compañía de la reina, y decidió hacer lo imposible para romper el matrimonio. No era fácil, ya que debía primero pasar por el beneplácito del Papa. Catalina, por su parte, mostró una actitud desafiante y se resistió a ser apartada del trono. Además ella contaba con el favor de algunos tanto dentro como fuera de Inglaterra. No obstante, Enrique VIII disolvió el matrimonio, rompió con la Iglesia Católica, siendo así uno de los episodios más determinantes de la historia de Inglaterra.

Catalina suplicandoa su esposo Enrique VIII

Catalina suplicandoa su esposo Enrique VIII

Sin duda fue un matrimonio bastante recordado con el paso del tiempo, y del  que podemos conocer muchos detalles interesante. Os animo a indagar más sobre el tema, a comentar, y a seguir pensando en historia.

Un Saludo,

PaullusHistoricus

 

 

 

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